CENTENARIO DEL ORFEÓN DE GRAUS 1914-1918


CENTENARIO DEL ORFEÓN DE GRAUS 1914-1918

El Orfeón de Graus se creó en 1914. Por tanto se cumplen cien años de su existencia. Formaron parte de él más de 100 personas y fue todo un acontecimiento cultural y social para el Graus de la época. En este blog quiero recoger los acontecimientos más señalados de su historia, así como los del que fue su director Manuel Borguñó.

miércoles, 12 de octubre de 2016

EL ORFEÓN EN BARCELONA III

12 de octubre de 1916


HOMENAJE DE COLÓN

En la mañana del día 12, el Orfeón con su estandarte y el Centro Aragonés con su bandera, concurrieron al homenaje de Colón en conmemoración de la fecha del descubrimiento de América. Fue un acto solemnísimo.





EN EL CENTRO ARAGONÉS – LUNCH

La patriótica entidad aragonesa que con los hijos de Graus residentes en la capital del principado, han hecho toda suerte de obsequios y manifestaciones de cariño y afecto a nuestro Orfeón multiplicándose todos en prodigarnos atenciones y homenajes que jamás podremos corresponder, quisieron honrarnos con un obsequio más, dedicándonos en la tarde del Pilar, fiesta de los aragoneses, un espléndido lunch, servicio en los salones de la Casa de Aragón con gusto irreprochable y exquisita galantería. Al descorcharse el champagne, el distinguido Presidente de aquel Centro D. Pascual Sayos, ofreció el convite a los orfeonistas gradenses en elocuentes y expresivas palabras de cariñosa simpatía y devoción a sus paisanos por quienes sentía afecto sin límites, despidiéndose a la vez con gran sentimiento, ya que ineludibles e inaplazables obligaciones le motivaban a ausentarse de Barcelona al día siguiente, pero que su espíritu no se ausentaría ya que quedaba con nuestros orfeonistas, como también toda la Junta y todo el Centro Aragonés quedaba con nosotros y a disposición de los orfeonistas durante los días de su estancia en Barcelona. Dedicó un párrafo de vibrante patriotismo a don Joaquín Costa, cuyo retrato se destacaba en el salón en lugar preferente y terminó con vivas a Aragón, a Graus y Barcelona.

 El Orfeón delante del Centro Aragonés

Contestáronle nuestro querido paisano don Tomás Costa, que había llegado de Madrid con su distinguida señora para acompañar al Orfeón grandense en Barcelona y el señor Gambón, siendo muy aplaudidos.

El señor Sayos obsequió en nombre del Centro Aragonés a las señoritas del Orfeón con bonitos ramos de flores, y a los orfeonistas con habanos.

PRIMER CONCIERTO
 
Por la noche tuvo lugar el primer concierto del Orfeón de Graus, en el elegante teatro del Centro Aragonés.

El aspecto que presentaba el espléndido teatro era imponente. Media hora antes de la anunciada para principiar el concierto, no podía darse un paso por ninguno de los locales del Centro. El teatro estaba lleno de bote en bote. Ni una localidad quedaba vacía, siendo muchos los espectadores que permanecían de pie por los pasillos de palcos y plateas. Jamás se había visto el teatro como en la noche citada.

A las diez en punto descorriéronse los hermosos cortinones del proscenio, recibiendo el Orfeón de Graus un estruendosa y prolongada ovación que se fue repitiendo in crescendo a la terminación de cada composición, mereciendo muchas de ellas los honores de la repetición.

 Programa del concierto en el Centro Aragonés

Desde Resurgimiento que fue la primera composición que cantó el Orfeón, hasta la marcha del Tannhäuser que fue la última, el público no cesó de ovacionar a nuestro Orfeón que lo aclamaba con frenesí. Fue a no dudarlo un desbordamiento de entusiasmo.

Lo mismo, ¡Oh qué buen eco! que las Albadas, Amadruga, La jota, Ave verum, Hilanderas, Ven dulce amor, que Resurgimiento, Sardanas, Hereu Riera, Tannhäuser, como todas las que cantaron, produjeron un entusiasmo indescriptible.

Yo que me encontraba con el venerable don Ángel Guimerá, me decía con frecuencia: estoy encantadísimo, oyendo esta caja armónica. Es un notable orfeón.

La parte de las tonadillas también cautivó al público que no cesó de aclamar y ovacionar a nuestras simpatiquísimas y aplaudidas orfeonistas Conchita López y Pepita Sazatornil. Todo lo que puede decirse de Pepita y Conchita, con ser mucho y bueno, queda dicho con consignar que triunfaron en Zaragoza, han triunfado en Barcelona y triunfarán también en Madrid, al igual que el Orfeón.

 Partitura de El Marabú

En suma: que el concierto del Centro Aragonés en la noche del Pilar produjo tal desbordamiento de entusiasmo que bien podemos decir que fue una sublime jornada para nuestros benemérito Orfeón y para Graus. En uno de los intermedios y en el palco de la presidencia, fue impuesta solemnemente por el señor Sayos, al estandarte del Orfeón una preciosa corbata con los colores nacionales, bordada en oro.

El señor Sayos pronunció elocuentes frases encomiásticas para la entidad gradense, contestando el señor Castillón en breves palabras de agradecimiento.

El Ribagorzano, 28 de octubre de 1916

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EN HONOR DE COLÓN

La fiesta celebrada ayer bajo los auspicios de la Casa de América, resultó, como todas las organizadas por esta simpática e importante entidad, brillantísima. Las corporaciones oficiales, los cónsules y representantes de las repúblicas hispano-americanas, las distinguidas colonias de estos países, entidades económicas y casi todos los centros y entidades de diversa índole de esta capital acudieron a la voz de la Casa de América para rendir homenaje al insigne descubridor del Nuevo Continente.

Las tropas desfilaron ante el monumento como también el Orfeón de Graus y el Centro Aragonés, que con sus banderas respectivas habían llegado mientras hablaba el señor Perpiñá, dándose por terminada la brillante fiesta.



CENTRO ARAGONÉS

Dio anoche su primer concierto el Orfeón de Graus en el teatro Goya (Centro Aragonés), a donde acudió un público abigarrado y numerosísimo. Era la fiesta del Pilar, la fiesta de Aragón. Se agotaron las localidades, y aun se vendieron más entradas de lo que permite la capacidad del nuevo y coquetón teatro. Con esto queda dicho que apenas se podía dar un paso, lo mismo en el patio que en los corredores, resultando de la aglomeración de público una atmósfera casi irrespirable.

Así caldeado el ambiente se presentó el Orfeón de Graus, y obtuvo un éxito verdadero y brillante, un éxito que prepara lo que habrá de obtener, todavía más considerables, en el Palau de la Música y en Bellas Artes. Las ovaciones de anoche son como el preludio de la victoria.

Tiene de simpático el Orfeón de Graus que se presenta humildemente, sin tener en cuenta el esfuerzo realizado y con la noble intención de dignificar la música del pueblo, la genuina música española. La idea de crear un orfeón en Graus, población de dos mil seiscientos habitantes, aislada entre peñascos de las estribaciones del alto Pirineo y distante un buen número de kilómetros de la estación del ferrocarril, era atrevida; pero coronada la empresa por el éxito, han querido el maestro Borguñó y sus orfeonistas dar el paso más arriesgado, salvando la distancia –enorme por su significación- que media entre el pequeño pueblo montañés y una gran urbe moderna, que a la vez es un centro de cultura musical.

Pero los aragoneses hacen las cosas como las conciben, y seguros de su noble causa, emplearon su tenacidad famosa en vencer todo obstáculo, yendo derechos al fin que se proponen.

El Orfeón de Graus es todo el pueblo de Graus, sin distinción de clases ni matices; es un pequeño pueblo de España que llega hasta nosotros orientado por su amor a la música y se nos muestra sencillo, un poco brusco y franco, con la ruda franqueza campesina. Algo tiene el caso de insólito; pero lo atrevido de la empresa y lo extraordinario del caso despierta el interés y la simpatía de nuestro público, que recuerda, de paso, que fue en Graus donde vivió Joaquín Costa pensando en redimir a España.

¿Será Graus decididamente, en su sencilla vida lugareña, un pueblo orientador? Es, sobre todo, un pueblo con voluntad y ansioso de hacer algo estimable que pueda servir de ejemplo a otros pueblos. Por esto hizo el orfeón. Y el orfeón ha mejorado las costumbres pueblerinas, ha matada en Graus el juego y la taberna, ha creado el gusto por el arte, ha refinado un poco la ruda sensibilidad de los montañeses. Estos fueron los primeros éxitos. El de anoche ya tuvo algo de consagración.

Cantó primeramente el orfeón del Himno a Costa, como podía cantar el himno a la senyera. Es un canto vibrante, de Borguñó. El público tributó a los orfeonistas y a su maestro una ovación delirante. Oímos después Resurgimiento, de Borguñó; ¡Oh, qué buen eco!, de Roland de Lassus; Canto de la alondra, de Mendelssohn; Ven, dulce amor, de Borguñó, y la gran marcha de Tannhäuser.

Sobre todo en la bella y deliciosa humorada de Roland de Lassus, que tuvo que repetirse, consiguió el orfeón ser aplaudido con entusiasmo. Hay unidad y mucha disciplina. Se advierte en seguida que los coristas han estudiado mucho y que su director tiene puestos todos sus entusiasmos en esta obra suya meritísima. El maestro Borguñó es catalán. Fue a Graus en busca de salud, y con la salud encontró allí nuevas ilusiones de artista, que ve hoy convertidas en hermosa realidad. Aparte del Orfeó Catalá, con todos los demás que tenemos en Cataluña puede competir dignamente el de Graus. Desmerecen un poco los tenores, pero hay una sólida preparación, y logra el maestro efectos de conjunto sorprendentes y muy buenos armónicos. Además, el repertorio puede ser nuevo e interesantísimo, pues apenas si se ha explotado la música popular española. Por ahí deben ahora orientarse los esfuerzos del maestro Borguñó.
 

 
 Partitura de L'hereu Riera, de Cumellas

Lástima fue anoche, por deficiencias de la orquesta y acaso también por la fatiga de los coristas, cansados después de un viaje largo y molesto, se advirtieran tropiezos que esperamos ver corregidos en los próximos conciertos. Con todo, repetimos que el triunfo fue muy grande y merecido. Cantáronse además, Ave verum, de Saint-Saëns; Coro de hilanderas de El buque fantasma, de Wagner; una sardana del maestro Morera, L’hereu Riera, de Cumellas; Dances y Albadas, de Borguñó, y la Jota de Retana, que provocó una explosión de aplausos. 

La segunda parte del programa se llevó con tonadillas españolas, que interpretaron con mucho salero las orfeonistas señoritas Pepita Sazatornil y Conchita López. Las dos son notables por la delicadeza y claridad de su dicción y por su gracia ingenua y deliciosa. Sin embargo, se distingue muy particularmente la señorita Sazatornil, que es una artista de cuerpo entero. La chiquilla no tiene la costumbre de de pisar tablados, y era anoche la segunda vez que veía un teatro. Naturalmente, estaba como deslumbrada, y por otra parte, había de ser por fuerza cohibido su ademán.

 Partitura de la Tirana del caramba

Le bastó, en cambio, la ingenuidad luminosa de su sonrisa y el arte y el donaire que asomaron a través de sus rubores y apocamientos, para levantar una tempestad de aplausos. Delicadísimamente y con muchísima gracia cantó la Tirana del Caramba, de modo que no la cantaría nadie mejor, y así otras tonadillas clásicas y canciones de Borguñó muy estimables. Tuvo que repetirlas casi todas. En una jota final, también de Borguñó, fue aclamada por los aragoneses, que llenaban el teatro.


 Partitura de La flor de la Canela

Por su parte Conchita López, también demostró tener intención y garbo, interpretando El majo tímido, de Granados.

 Partitura de El majo tímido


FAUSTO

La Vanguardia, 13 de octubre de 1916

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